01 enero, 2014

Miércoles

Los miércoles están hechos para cambiar el mundo. Los miércoles siempre son esos días en los que, irremediablemente, algo cambia. Verás, nací en miércoles, era miércoles cuando se calló mi primer diente, las personas importantes siempre han llegado y se han ido de mi vida en miércoles, y en miércoles –como no podía ser de otra manera- me puse su anillo. Por eso sé, sin saberlo, que el día que mi dedo corazón empequeñeció y se soltó de su –mi- alianza debió ser miércoles.

Probablemente te vi por primera vez en miércoles, pero te conocí en domingo, porque un sábado resultaría demasiado predecible. Un domingo disfrazado de miércoles… y es que –tú- transformaste mi no-vida en vida, destruiste La Vida tal y como la conocía y la convertiste en algo bonito. Viniste y nada más llegar, me salvaste. Porque llegaste impredecible; impredecible como un domingo que marca un antes y un después en la vida de alguien. Llegaste implacable; implacable como los lunes o la Navidad. Llegaste sinuoso; sinuoso como había estado mi latido hasta ese preciso momento en que decidiste llegar –o mejor dicho, hasta que llegaste, sin más-. Y salvaste mis latidos, y mis manos, y trajiste contigo algo que había dejado olvidado en alguna parte del mundo, mi corazón.

Los miércoles siempre desencadenan alguna acción-reacción por la que el futuro, lejano o no, se ve repercutido. Así, cuando escuché ese –mi- anillo cayendo en el rellano, supe que algo cambiaría. Ese miércoles, quizás, empezó a ser el principio de nuestro final.

Los primeros meses de llevar la alianza la trataba con total cariño y cuidado, siempre pendiente, siempre alerta, mimándola para sentirme yo más viva. Pero supongo que todo en la vida tiene fecha de caducidad, incluso el cariño, los cuidados o los mimos; y supongo también que cuando estamos mucho tiempo pegados a algo, terminamos por descuidarlo. Por eso aquel día no sentí que se desvanecía de mi dedo corazón hasta que la escuché caer en el rellano. Por eso aquel día no sentí que se me caía el corazón hasta que lo escuché gritar, y luego no hice nada por calmarlo.

Hoy me he dado cuenta de la reacción que tuvo esa acción. Hoy me he dado cuenta de lo tremendamente importante y difícil, a partes iguales, que resulta cuidar de un corazón. De que cada latido, por débil que sea, cuenta. De lo fácil que es descuidarlo. De lo rápido que se rompe si lo dejas caer, aunque sea tan sólo un descuido. Y de lo irreparable que resulta después.

Pero ahora, cariño, no sólo estamos a uno de enero. Ya es miércoles.


4 comentarios:

  1. Angela me encanta mucho esta entrada!
    Olé por los miércoles^^
    un besito

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  2. Me ha encantado esta entrada, muy bonita
    Me quedo por aqui jajaja
    un beso desde http://our-light-house.blogspot.com.es/

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