31 julio, 2013

Y por eso me fui.

Querido diario:

Todo lo que tenía que decir ya lo había dicho en otra ocasión. Aquella fue una de las muchas veces que sentí que lo único que podía hacer era coger mi abrigo, mi bolso y salir de ahí. Irme lejos, muy lejos. Donde no me encontraran.

Aquellos, los otros, los demás, no fueron conscientes de la persona que tenían en frente, jamás me escucharon cuando debieron hacerlo. Nunca. A pesar de todo, ellos decían quererme, pero ¿quererme cómo? No.

Aquellos no tenían ni puta idea de lo que era querer, y ese era su gran problema. Yo hace tiempo que lo sé mejor que nadie, y es que amo por encima de cualquier cosa a uno de ellos. Y él, ciego, no es capaz de ver ya no el color de mis ojos, sino el brillo de ellos cada vez que le miro. Tampoco puede distinguir mi tono de voz cuando hablo con él y como es distingo cada vez que me dirijo a los demás. Parece no querer darse cuenta de cómo me tiemblan las manos cada vez que él se acerca.

Él, como los demás, sólo era capaz de ver dos ojos verdes, una sonrisa cualquiera, una voz cualquiera.

Él ciego. Ella, o yo, enamorada. Y por eso, simplemente por eso, me fui.

1 comentario:

  1. Precioso texto, aunque triste.
    Besos.

    quieroperseguircontigoelamanecer.blogspot.com

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