20 julio, 2013

¡Tú! ¡Sí, tú!

Seré cualquiera, pero me siento diferente al resto.

Me gusta sentir el viento en la cara y pensar en todo lo que tengo que hacer, no ahora, sino a lo largo de mi vida. Hace unos días que el viento me ordenó vivir, me prohibió pensar en todos los errores y sentirme mal por ellos, me dijo que tengo que seguir adelante y ser feliz. Ser feliz con él y con ellos. Al sentir el viento entrar dentro de mí quise comerme el mundo, quise acelerar para sentirlo con más fuerza. Pero al instante me di cuenta de que no por acelerar iba a ser así, que no por ir más rápido iba a conseguir todo lo que me proponga más deprisa. Que cuanto más lento, cuantas menos pausas, más felicidad. Entonces comprendí por qué soy de las que prefieren la brisita del mar al amanecer, o el viento fresco en pleno verano que el vendaval de una noche de tormenta.

Desde entonces, cada día que amanece me levanto con una sonrisa dibujada con permanente en la cara, mis ojos brillan y mi voz vuelve a sonar alegre. Poco a poco he conseguido dejar atrás mis malos hábitos y acogerme a otros mejores. No más vicios, no más obsesiones, no más depender de nadie. Serán estos cambios los que hacen que parezca que el aire que respiro es distinto, que el ambiente ha cambiado a mejor, que la gente puede verme... a decir verdad, parece que he cambiado de vida.

Yo he sido la encargada de hacerme fuerte, de aprender de cada experiencia que mi anterior vida me propuso, he tenido que elegir entre un camino de veinte que se me ofrecían, yo sola he aprendido a utilizar mis alas, no he necesitado nada ni nadie para creer en mí y en mis posibilidades. Ya no dependo de la mano de alguien, de los tirones de la gente que siempre me ha querido y me seguirá queriendo; ahora soy lo suficientemente fuerte como para ser yo la que les tiende la mano a ellos, se lo debo.

He comprendido que la vida no se basa en “ser o no ser” ni “ver para creer”. Que primero van mis sentimientos, mis sentidos, mis intuiciones y luego soy. Que primero creo, siento y padezco, y eso es lo que me quita la tediosa venda de los ojos; para, por fin, poder ver. He aceptado que a todos los seres humanos les llega su hora, pero gracias a mi manera de sentir, a mi manera de ver el mundo y mi ser, sé que de algún modo, siguen aquí. No me cansaré nunca de repetir que las personas no se van hasta que se deja de recordarles.

Ahora sé que no solo se llora de tristeza, que existen las lágrimas de alegría... y que no tienen sabor salado, sino dulce. Que no es bueno contener las lágrimas ni callarte cuando necesitas gritar. Realmente, desde que he aprendido todo esto... soy feliz.

Eso sí, esto es sólo un epílogo. Antes, mucho antes, hay una historia que contar.


2 comentarios:

  1. Precioso texto, escribes increíblemente bien. Un beso

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  2. Que maravilla de texto, sabes llegar perfectamente al lector :)

    Valentina-Mode

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