23 julio, 2013

04:32

Danny. “Sobre como amar un recuerdo, o un sueño.
Martes, 3 de abril. 2012.
04:32

Hace años Giulliete me ahogó entre promesas. Ella es imprecisa, alocada e inconstante, difícil… supongo que nunca supo realmente qué quería o qué buscaba, a pesar de que solía alardear sobre ello. «¡Yo ya sé lo que quiero! ¡Te quiero a ti!» decía cada noche. Y yo le creí. Hace un par de años Giulliete me prometió estar siempre conmigo, juró y perjuró no abandonar nunca, jamás mi almohada.

Hace unos meses, cinco o seis, no sé –ni quiero saber– cuanto exactamente, me prometió volver. De repente Giulliete decidió tener otros objetivos, otras metas y quiso otras cosas y no quiso seguir queriéndome a mí. Desde ese día sólo fui capaz de recordarla cuando estaba despierto, ya que ella ya no volvía a mi almohada ninguna noche y yo no era capaz de traerla de vuelta. ¿Cómo sería capaz de olvidar esa explosión que era Giulliete? El tiempo, él me ayudaría.

El tiempo, el único capaz de establecer un obstáculo y distancia aún estando nuestros ojos a centímetros. El tiempo, más duro que la muerte. El tiempo, más poderoso. El tiempo envistió contra nosotros, Giulliete. O contra mí. Quizás maduré. El tiempo también me hizo comprender.

Pero hace unos días, Giulliete… Giulliete volvió a mi almohada y su mirada volvió a dejarme embelesado. ¡Ya estaba dejándola de recordar! ¡Olvidándome de recordarla! En ese preciso momento quise sacarla de mi almohada, de mis lágrimas y también de mi sonrisa, de mis días y mis horas, ¡quería sacarla de mi tiempo! Así lo deseaba por mero despecho, por el sufrimiento que conllevaba no tenerla, el dolor que suponía su ida, no quería que Giulliete hiciera y deshiciera mis noches y mis días. Ya no quería a Giulliete. O sí. Quizás no podría soportar otra vez lo efímero de su existencia.

A pesar de todo, ha sido inevitable regresar a mi almohada y a sus noches. Nuestras. No hago más que cerrar los ojos cuando Giulliete, mi Giulliete me dice incesable:
― Te dije que volvería.
― Nunca quise que te fueras.– y me besa. Y yo no la siento.

Hoy he comprendido que mis noches jamás serán de nadie más que de Giulliete, que ha regresado para seguir siendo dueña de mi lecho, mi almohada y mis sueños. Que se fue para demostrarme que era efímera, que nunca podría tocarme y sentirla, que jamás podrá conocer a Papá o Mamá, que ella, por mucho que queramos, no va a salir de ahí. Y eso… eso duele.

2 comentarios:

  1. Insisto no sé cómo lo haces, pero consigues qué la historias traspasen el ordenador, y que den paso a mis lagrimillas. Gracias por estos relatos.

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  2. Tus relatos son impresionantes, no sé cual es tu toque mágico pero llegas a mi.
    Un beso

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