Sigo contándoos mi viajecito a Madrid. Hace una semana justa estaba en el tren de regreso a Albacete. Una semana un poco dura, pero ese no es el tema ahora.
Para seguir la historia desde el principio:
No puedo saltarme el final de ese maravilloso día a la par de caótico; como conté en
CAOS todo empezó entre desastres y traspiés, y en
REBELDES EN PLAZA DE ESPAÑA visteis como poco a poco deshice el lío en el que yo sola y sin ayuda de nadie me había metido.
Deberíais de haber advertido que no se me puede dejar sola. Me explico, la vuelta a casa en metro fue bien hasta que bajé en la parada que me llevaba de vuelta a casa. Yo tenía mi mapa hecho a mano mientras iba en autobús a Atocha de "cómo llegar a casa desde: (...)". Tenía que subir una cuesta hasta llegar a una supuesta rotonda, que yo entendí como "dónde estaban los caballitos". Caos volvió a mí, en realidad debería haber subido tres calles aproximadamente, pero no, a mi me gusta ponerme a prueba, y como no vi caballitos ni mulas ni porras, seguí subiendo unas 5 calles más. En cuesta, calles de Madrid, o sea, muy largas.
Cuando vi que era probable que me hubiera pasado un poquito, paré a unas chicas a ver si me podían guiar. La cara que pusieron me anunció que mis sospechas tenían razón, me había pasado tanto como para que las chicas abrieran los ojos de manera que casi se les salen de las órbitas. Me indicaron que debía bajar no sé cuántas calles e ir en no sé cuál dirección. Caos a mi alrededor. Yo bajé, y llegando a un parquecito que me sonaba de algo pregunte a otra persona, que me indicó que tenía que bajar solo una calle más. Llegando a dónde me indicó, volví a preguntar a otras personas, y me mandaron aún más para abajo.
Si seguían así me devolvían a la para del metro... Así que a estos últimos les hice caso y me metí por esa calle; no me sonaba de NADA. Me volví a ver en plena noche de Madrid, con ropa de verano, un móvil sin números en la agenda y con una necesidad urgentísima de ir al baño. Mucho sudor y fuerza de voluntad me hicieron falta para preguntar a las últimas personas que sí me dirigieron bien, pues la calle daba una curva y me explicaron que algunas personas me mandaban como para ir a una parte de esa calle y otras a la otra punta; de ahí todo el lío. Me salvaron. Llegué a casa y ya hice vida normal y poco interesante.
El sábado por la mañana me levanté bastante temprano, pude prepararme tranquilamente, ducharme y desayunar con todo el tiempo del mundo; fui al centro (sin perderme ni olvidarme nada) y me hice con un vestido que necesitaba para la semana siguiente (o sea, para ayer) y que lo había mirado por Internet, pero en Albacete no lo tenían. También me recorrí mil tiendas en busca de "algo" pero me fui sin nada. De repente miré el reloj y había quedado en una hora y media en casa de Rocío, tenía que volver a casa; echarme todo lo necesario para arreglarme por la noche, pintarme y comer. Luego coger el autobús e ir hasta casa de Rocío.
Y caos volvió a mi cabeza. Empezó a diluviar como si no hubiera mañana. Botines con cuña, paraguas a la derecha intentando no empaparme, móvil en la oreja izquierda, bolsa muy pesada colgada del brazo izquierdo, el bolso también con mi vida ahí dentro colgado del brazo derecho. ¡Ah! Y un papelito con las indicaciones que tenía que seguir para llegar hasta la parada del autobús. Cuesta abajo; he de decir que con forme salí de casa me perdí, pero en diez minutos supe reencontrarme. ¡Soy un puto desastre! y entre el diluvio que me calló mientras bajaba cuesta abajo y el peso que llevaba encima creí que iba a morir en el intento de llegar a alguna parte así. Me faltaba cruzar una calle y justo enfrente de mis ojos estaba la parada, y como no... El autobús que tenía que coger se fue ante mis ojos. Imaginad mi cara. Quince o veinte minutos esperando el puñetero autobús; suerte que me dejaba en casa de Rocío, si no podría haber muerto en el intento... Un desastre.
Estas son algunas fotos que hicimos después de la TwitCam en su casa. Ignorar mi cara, gracias.
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| Mi mejor amigo Nachete, el muñequito de Pasapalabra. |