19 octubre, 2014

Tengo tantas ganas que.

Tengo unas ganas de escribirte que no me caben. Tengo unas ganas de decirte todo lo que nunca te he dicho que los dedos están comenzando a sangrarme, porque las heridas hace ya tiempo que están cerradas –y aun así, siguen escociendo-.  Tengo unas ganas de verte que lo único que puedo hacer es cerrar los ojos e imaginarte, porque te recuerdo que ya no estás. Tengo unas ganas de sentirte que no puedo dejar de buscarte en brazos ajenos, aunque sepa de antemano que no va a funcionar. Tengo unas ganas de olvidarte que me están matando, porque siempre me doy cuenta de que lo estoy intentando y de que nunca lo logro. Tengo unas ganas de regresar a tus manos que paso el día intentando saciarme con mis propias caricias, pero tampoco me valgo a mí misma. Tengo unas ganas de ti que me están corrompiendo, que se me están clavando por aquí dentro, no sé bien dónde. Tengo unas ganas de echarte, de que te vayas, de que nunca vuelvas que he optado por irme yo, pero has debido de anclarte a mi espalda. Tengo unas ganas de odiarte que hacen que me odie a mí misma por quererte, y no hay relación amor-odio más destructiva que esta que tengo conmigo, y es tu culpa. Tengo unas ganas de culparte por todo y tengo unas ganas de no culparme por nada que me monto un embrollo y al final salgo perdiendo en el cuento, porque siempre me autoproclamo como “la mala”. Tengo unas ganas de ser sincera contigo que todo lo demás me suena a mentira. Tengo unas ganas de que desaparezcas que estoy aprendiendo a hacer magia, pero nadie me había contado antes lo difícil y destructiva que era, joder. Tengo unas ganas de que deje de ser domingo y de que se vaya con él toda esta puta nostalgia, que me he propuesto ser feliz, pero tú.